domingo, 1 de marzo de 2020

08, De la nulidad de la ciudadanía democrática



Bien conocida es la correlación entre el aumento de los sentimientos de nulidad y de impotencia pública en individuos y en comunidades y el incremento de las necesidades de satisfacción del narcisismo colectivo, por sustituto o por compensación. Esto es lo que hoy se está explotando sin rebozo y a mansalva entre las democracias de Occidente; las ciudadanías de las democracias, prácticamente excluidas de un efectivo ejercicio de la voz y el voto en la política, relevadas del ejercicio de su soberanía, reducidas en sus atribuciones y competencias públicas a la estrecha y mezquina esfera de lo privado y de lo doméstico, serán terreno abonado para el surgimiento y la entronización de adalides capaces de proporcionarles puras satisfacciones autoafirmativas, a semejanza de un campeón olímpico. El neonacionalismo puede con todo rigor denominarse patriotismo deportivo, por cuanto por fundamento de adhesión y participación tiene los mismos, incondicionados rasgos de amoralidad que presiden la opción de hacerse partisano de un equipo y no de otro cualquiera (ya que, por definición, ningún equipo de fútbol tiene por contenido la defensa de causa externa alguna, sino tan sólo la interna y redundante de su propia victoria); su deportiva amoralidad llegó a expresarse sin equívocos: «Lo único malo de las guerras es perderlas».

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